En esta ocasión me he permitido el intrusismo de realizar esta escultura con una «madera» un poco más dura imitando a mis compañeros los escultores de piedra (perdonad el atrevimiento).
Se trata de una escultura en piedra caliza como homenaje al levantamiento de piedra (harrijasotze) tan arraigado en el pueblo vasco, que amantes de los desafíos y apuestas han hecho de esta afición un deporte de gran popularidad dentro del deporte rural vasco.
La parte central de la obra en la que se encuentra la piedra levantada cobra protagonismo a través del dorado con oro fino de 22 kilates realizado con la técnica tradicional sobre estuco.
